El papel del Rey (I)

CoronaLeyendo y releyendo la Constitución Española, una y otra vez me llega la sensación de que los padres de la Norma Fundamental quisieron, como en otros muchos capítulos, poner una vela a Dios y otra al diablo.

Y lo digo porque de la lectura del artículo 1.3 y del Título II, no me parece sino que para acabar con las “ataduras testamentarias” de Franco, lo que se les ocurrió fue diseñar una monarquía y un monarca “florero”.

El Artículo 1.3 empieza señalando que la forma política del Estado [español], es la Monarquía Parlamentaria. Pues bien, un vistazo al término “monarquía” del diccionario de la RAE nos amplía el término, además de su definición y conceptos, con la explicación de 4 tipos de monarquía, entre los que se incluyen la parlamentaria y la representativa.

Desde luego, la diferencia esencial entre estas, es que la parlamentaria atribuye al monarca el poder de moderación de las instituciones democráticas, mientras que en la representativa, el Monarca es nominalmente el Jefe del Estado pero todos los poderes efectivos son ejercidos por los representantes elegidos por el pueblo.

En estos momentos, en que llevamos con un gobierno inefectivo más de medio año, y nadie sabe a ciencia cierta cuantas elecciones más nos quedan por delante en la misma situación, todo el mundo se gira hacia el Rey buscando una solución que no existe. Y digo que no existe, porque la realidad es que, pretendiendo encontrar los constituyentes un apaño para cada cuestión discutida, nos dejaron una institución como la Corona que, realmente, no pasa de ser la figura que corresponde a una monarquía representativa y no parlamentaria.

Muchos, no sé cuántos, pretenden convertir el Reino en República; otros, pretenden descuartizar España en Virreinatos para erigirse ellos en monarcas, y otros cuantos buscan instalar en nuestro país en gobierno de la anarquía.

En estas circunstancias, en que la figura de nuestro Rey debía ser clave y moderadora, nos encontramos dando bandazos, como pollo descabezado, sin que tengamos figura institucional alguna que coja a este toro por los cuernos.

Porque nuestro Rey, aunque lo deseara, carece de facultades para ello. Él, que según señala la Constitución es el Jefe del Estado, resulta que es un Jefe sin mando. Porque a pesar de ser el Jefe, ningún funcionario está obligado a obedecerle.

Manida está ya la definición de que el Rey reina, pero no gobierna. Y esto se predica en una Monarquía Parlamentaria en la que, en la práctica, manda cualquier funcionario o cualquier chiquilicuatre metido a político.

Muchas veces me he preguntado si no sería mejor, que a fin de preservar el buen orden, se le atribuyera atribuirse al Rey la facultad de elegir y destituir al presidente del Gobierno, al de las Comunidades Autónomas y a los propios Alcaldes. Al menos, estaría asegurada la existencia de uno adecuado.

Al final, esa ley de Murphy que dice que si algo puede salir mal saldrá mal, terminará cumpliéndose. Es posible que ahora se forme un gobierno, encorsetado hasta tal punto que su vida resultará, lógicamente, efímera. ¿Y luego…?. Pues nada, a seguir convocando elecciones en las que, si la abstención continua la pendiente creciente que lleva, solo votarán los propios políticos.

Así que, o eso, o cambian de una vez por todas la Ley Electoral para que, en una segunda vuelta, solamente podamos elegir entre dos opciones que, con las excepcionales cualidades que adornan a estos políticos, serán la mala o la peor, sin duda alguna.

 

 

Acerca de José Ignacio

Profesional libre de la consultoría de empresas, con los títulos de Licenciado en Derecho y en Ciencias Económicas. Además, el título de Maestro de Primera enseñanza, 4 Masters en Sistema Fiscal Español, Derecho de Familia, Derecho Penal y Auditoría de Cuentas. Letrado del Colegio de Abogados de Madrid, Administrador y Mediador Concursal, en posesión de numerosos diplomas en economía de empresas, derecho y Unión Europea.
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