Esclavitud

Artículo publicado en el Periodista Digital el 15 de septiembre de 2.011 (Pinche para ver publicación)

Esclavitud

 Yo no se a Uds., pero a mi me da la sensación de estar secuestrado por el poder instituido. Instituido por nosotros mismos.

Me explicaré. Resulta que después de que la humanidad hubiera pasado por distintas formas de convivencia, desde la esclavitud impuesta por la ley del mas fuerte, pasando por la esclavitud a que se encontraban sometidos los súbditos del rey, por aquello de que era dueño de vidas y haciendas, volvimos a redescubrir la antigua institución ateniense de la democracia, como forma de gobierno, en la que son los propios gobernados los que eligen a sus gobernantes. Hasta aquí, me limito a repetir lo que puede Ud. encontrar en cualquier manual de historia. El gran avance social, la gran panacea universal, vino a ser la posibilidad de que votara toda persona, por el hecho de serlo, con las limitaciones establecidas por razón de edad o de capacidad mental.

Y, ¿a donde hemos llegado 2.011 años después de haber nacido Jesucristo?. Pues, desde mi punto de vista, a que salimos de la sartén para caer en el fuego, como vulgarmente se dice. En otras palabras, seguimos siendo esclavos, solo que no nos dejan que pensemos en ello.

Verán Uds., cuando la fuerza física era la que imperaba, siguiendo aquello de que el pez grande se come al chico, el mas fuerte sojuzgaba al inferior que, antes de perder la vida o ser sometido a castigos, prefería la esclavitud, la absoluta dependencia del superior. Además, salvo casos aislados, el sometido no tenía a nadie que acudiera en su ayuda. Ahora, en el momento presente ¿cual es la situación?.

La descripción que se me antoja es que unos cuantos, siempre los mismos, nos persuaden e incitan a que les votemos para ser nuestros dirigentes. Hasta ahí, nada que objetar. Después, en lugar de emplear la fuerza física con que la naturaleza haya podido dotarles, tienen a su exclusiva disposición dos instrumentos igual de valiosos: Las Instituciones Públicas y los Boletines Oficiales. Si la utilización de las primeras a su antojo y conveniencia no son suficientes, deciden por medio de las segundas que es lo que resulta mas adecuado para todos nosotros. Tampoco hay objeciones por mi parte a ello.

El asunto empieza ya a resultar un tanto excesivo, cuando lo que a nosotros nos permiten, exclusivamente, es elegir a quienes nos van a gobernar, sin que en nuestra mano esté, por mucho que lo parezca, la posibilidad de decidir los términos en que el mandato que otorgamos a nuestros gobernantes ha de desarrollarse.

De esta forma, comenzamos la andadura y elegimos, hace ya 33 años, a los primeros gobernantes democráticos, con la resaca que nos habían dejado 36 años de dictadura. Ya, en referéndum, empezamos votando SÍ o NO a la Constitución que se encargaron de elaborar quienes NO habían sido elegidos democráticamente para tan alta función, sino designados a dedo, pero ya empezaron no permitiéndonos opinar sobre el texto. Solo SÍ o NO. Evidentemente salió el sí, por abrumadora mayoría, probablemente porque pocos se molestaron en leer el texto constitucional y, además se nos convenció, mediante una imponente campaña publicitaria de la conveniencia de votar SI.

A partir de ese momento, hasta el actual, la cosa ha ido degenerando como no podía ser de otra manera. Porque los que optan a ser nuestros gobernantes, siempre los mismos, consideran esa función como un medio de enriquecimiento fácil y sin problemas, no como una obligación de sacrificio por los demás.

Con una remota semejanza a lo que acontece en una comunidad de vecinos, que también es una célula social, las tareas de gobierno (no confundir con el trabajo de los funcionarios), resulta necesario que haya quien se dedique a la tarea de organizar y regular esa convivencia. En la comunidad de vecinos es la junta directiva; en lo que se refiere al país, son la legión de políticos que han hecho de la política un medio de enriquecimiento fácil y sin problemas, no una obligación de sacrificio por los demás.

De esta forma, se fijan los sueldos y prebendas que les parece oportuno; para ellos no hay crisis. Y se granjean la confianza y el apoyo de innumerables ad-lateres, familiares y amigos, paniaguados todos ellos, entre los que reparten los dineros que nos sacan con los impuestos que ellos mismos deciden. Y cambian las leyes para que a ellos no les afecten de la misma forma que a nosotros y… por si algo falla, se dotan de la posibilidad de atar de pies y manos al único poder al que podríamos recurrir: el Poder Judicial.

Si Ud. o yo nos salimos un poco de madre, nos echan encima toda la fuerza que sea necesaria: recaudadores, policías, …. pero si son ellos los transgresores… No, ellos están por encima del bien y del mal. Incluso, de manera habitual, cuando salen de la política es para ir con un cargo, a veces vitalicio, a otro pesebre.

Por eso es por lo que, arriba, titulo esta página como esclavitud. Porque tengo la sensación de que somos esclavos de nuestros gobernantes, los que nosotros mismos hemos elegido para que nos esquilmen y nos sojuzguen. Me pregunto yo que pasaría si, en el caso en que se pudiera conseguir, decidiéramos que el cargo de político fuera gratuito, como lo es el del presidente de nuestra comunidad de vecinos, ya que, al menos teóricamente (y eso dicen todos), es un honor servir al país en un cargo político.

Y después de todo a lo que nos han llevado con la crisis, y con la deuda y con todo lo demás, verá Ud. como, cuando Grecia quiebre (ya lo está), y eso arrastre a una situación económica de increíbles consecuencias para nosotros, nuestros gobernantes, que hemos elegido nosotros, terminarán echándonos la culpa de todos estos males. Por lo menos en aquel bolero de Ricardo Montaner, que tan lindamente canta Luis Miguel, el enamorado le pedía a su amada: Echame a mi la culpa de lo que pase….

José Ignacio Sanchez Rubio

Abogado y economista

ignacio@rwall.es

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