¿Oiga… y que pasa con las hipotecas?

Artículo de opinión publicado en Lancelot Digital el 12 de febrero de 2.011. (Pinche aquí para ver publicación)

¡¡¡ Oiga !!! ¿Y que pasa con las hipotecas?

Al menos una vez a la semana, voy a comer a Isla Bonita. Así, de paso, me echo unas parrafadas con Pepe, el dueño, un hombre que sabe de todo.

Pues el otro día cuando me disponía a dar buena cuenta de un medregal estupendo, se me acercó un señor. Oiga, ¿es Ud. el abogado que sale en Lancelot?.

Al principio yo me quedé sorprendido por aquello porque, aunque ha salido alguna fotografía mía en el semanario, no creí que me reconocería nadie, pues mas bien las instantáneas me asemejan a Xun Te Pao, que parece ser que tiene el preciado galardón de ser el hombre mas feo del mundo.

Bueno, pues se me acercó el señor y, sin dejarme responder, me espetó: Perdone que le moleste, porque está Ud. comiendo, pero es que tengo un problema y me he atrevido a acercarme.

Yo, mas recompuesto ya, me semiincorporé y, todavía cohibido, me presenté: Me llamo José Ignacio Sánchez, ¿en que puedo servirle?.

Él, sin reparar en que éramos dos en la mesa, el medregal y yo, se sentó frente a mí, sin esperar a que lo invitara y se lanzó: Mire Ud. es que hace unos meses que no pago la hipoteca y el director del banco me ha dicho que, además de quedarse con mi casa, como ahora vale menos y no cubre el importe que todavía debo, además de quitármela, me embargarán el sueldo y todo lo que tenga hasta llegar lo que debo mas los intereses.

A estas alturas de mi almuerzo, yo miraba de reojo al medregal, ya frío y me preguntaba qué culpa tenía yo de que aquel malévolo director del banco le hubiera transmitido a Ricardo (así se llamaba mi ya invitado forzoso), aquellas tristes nuevas.

Me armé de sosiego y le pregunté: Ricardo ¿me permite que le invite a comer?.

No se lo pensó dos veces Ricardo. Simplemente dejó de mirarme y mientras me contestaba con un sí ilustrado, clavó la mirada en Borja, el hijo del dueño y comenzó a hacerle gestos para que se acercara. Les explico lo del sí ilustrado. Es que no le bastó con Sí, gracias. Empezó agradeciéndome la invitación, describiéndome con todo lujo de detalles lo honrado que se sentía comiendo conmigo, y siguió haciéndome la pelota hasta que llegó Borja.

Bueno, al final nos pusimos de acuerdo en pedir un caldo de millo y, mientras llegaba, empezó a contarme sus tribulaciones.

Resulta que cuando compró la casa en que vive, le dieron una hipoteca a un interés variable, en función del Euribor, pero con la condición de que no podía bajar del 6%, ni subir del 13%.

Él, cuando firmó, ni sabía lo que firmaba, lo único que recuerda es que quería la casa y no entendía más. También recordaba que cuando le dieron la hipoteca los intereses estaban casi al 8%, así que no le preocupó. Y otra cosa que también recordaba es que cuando le estaban dando explicaciones y mas explicaciones, que no entendía, en el despacho del notario, el no hacía mas que preguntar: Bueno, ¿pero donde hay que firmar?.

Pero de eso hace ya unos años y ahora las cosas habían cambiado. Primero, que llevaba ya unos meses sin trabajo, y segundo, que desde hace tiempo el Euribor está muy bajo y a él le siguen cobrando el 6% de intereses.

No se imaginan como agradecí todas estas explicaciones porque, la verdad, tenía hambre y, mientras el parloteaba, yo me dedique a hacer ejercicio de muñeca, quiero decir finamente, a trasegar caldo de millo desde el plato a la boca.

Tanto se enfrascó Ricardo en su narración, que me dio tiempo a terminar mi plato, mientras que él, pobrecito, casi ni lo tocó.

No me quedó mas remedio que darle el consejo que esperaba de mí.

En primer lugar, le tranquilicé y le hable de una reciente Sentencia de la Audiencia Provincial de Navarra, que considera que cuando un banco ha tasado un inmueble en una determinada cantidad, superior al importe del crédito concedido, no puede pretender ahora que, como los precios inmobiliarios han descendido, si el precio de ese inmueble no cubre el remanente adeudado, el banco pueda continuar embargando bienes hasta su total satisfacción.

Le hablé además de un Real Decreto de 2.010, el numero 6 de 9 de abril, que ha pasado desapercibido para la mayor parte de los españoles, enfrascados como estamos en pensar como pagar nuestras hipotecas.

Le dije a Ricardo, que ya se había dedicado al caldo, y no se si me escuchaba, que en esa norma se ha previsto que el mínimo inembargable en salarios, que hasta ahora era el mínimo profesional (641,40 € al mes en 2.011), se elevaba en un 10 por ciento con carácter general y en otro 20 por ciento, por cada miembro de la familia (esposa, hijos, padres, abuelos…).

Créanme que, en este punto, yo me fijé en Ricardo, porque esperaba un atisbo de ilusión en su mirada. Pero no, la mirada de Ricardo se había fundido, literalmente, con el plato de caldo de millo, como si de una atracción magnética se tratara, y su cuchara mas bien pareciera un metrónomo, uno de esos artilugios que se emplean en música para medir el tiempo, tic… tac….  tic …. tac…

Ahora, el que se quedó absorto fui yo. Parecía como si a Ricardo se le hubiera olvidado la hipoteca, el director del banco y el desempleo. Esta claro que se había hecho amigo del caldo. Yo se lo agradecí un poco, porque eso me hacía presumir que me dejaría en paz a mi. Pero también sentí una gran ternura por él, percibiendo que no era mas que uno de tantos y tantos que no tienen a quien acudir.

Como ya había terminado el caldo, le pregunté si había entendido algo de lo que le había explicado. Sí, don Ignacio, me ha dejado Ud. mas tranquilo.

Entonces fui yo el que se lanzó.

Pues hay otra cosa mas, esa jugada que le hicieron a Ud., de asegurarle los intereses entre un máximo y un mínimo, que tiene que cumplir aunque los intereses actuales estén por debajo del mínimo, se conoce como Swap en el mundo financiero, y son muchas las Sentencias que lo han declarado contrario a derecho y, además de anularlo, han condenado al banco a devolver la diferencia.

Ahora sí que Ricardo me prestó atención. ¿Y qué puedo hacer?, me preguntó.

Pregunte a su abogado, le dije bromeando, en referencia a ese programita que hacemos en Radio Lancelot los jueves a mediodía.

Y Ricardo, muy serio, fue y me lo preguntó.

José Ignacio Sánchez Rubio

Abogado y economista

ignacio@rwall.es

 

 

 

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